Hay personas que desaparecen de la historia sin que nadie sepa muy bien por qué. José Ramón Arana fue una de ellas. Obrero, escritor, periodista y exiliado, pasó de trabajar en una fundición a vivir la guerra, escapar a Francia, acabar internado en Gurs y terminar en México. Allí escribió, publicó y ayudó a construir una pequeña comunidad cultural de españoles que habían perdido su país. Y todo esto mientras aquí su obra prácticamente desaparecía del mapa.
