En mitad del Atlántico Norte hay una isla de arena de apenas 42 kilómetros de largo donde viven cientos de caballos salvajes, decenas de miles de focas y donde más de 350 barcos han acabado naufragando. Se llama Isla Sable y parece sacada de una novela. Pero todo lo que ocurre allí tiene una explicación bastante más fascinante: arena, niebla, corrientes, animales y una isla que lleva siglos cambiando de forma.
